En b?squeda de Energ?a Alternativa

Ciencia y tecnología
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El desafió de la humanidad esta en replantear el modelo de desarrollo que esta llevando a niveles insostenibles la biosfera del planeta, el calentamiento global, la emisión de gases, la extinción de las especies y la forma acelerada del deterioro planetaria dejan muchas dudas para la humanidad. En esa medida existe la posibilidad científica de encontrar otras formas de energía como la solar, la magnética y por electrolisis.
 
Es evidente que si el coste de fabricación, instalación y mantenimiento de generadores eléctricos que se alimenten de la luz solar, la fuerza del viento, o el calor interno de la Tierra, desciende lo suficiente, podrán explotarse a gran escala fuentes energéticas que hoy se usan sólo de manera reducida. La energía, fluido vital de toda industria, e importante factor determinante en el coste de fabricación de los bienes de consumo, ha tendido a encarecerse durante los últimos años, ante una demanda cada vez mayor de las naciones industrializadas.

Por otro lado, el petróleo no durará siempre, y es momento de planificar nuevas estrategias comerciales para el futuro, orientadas a perfeccionar motores eléctricos o de otro tipo para coches, a buscar milagrosos combustibles sintéticos de bajo coste, o a abordar soluciones imaginativas hoy difíciles de prever. En cualquier caso, estar a la delantera en este tipo de cuestiones, ya sea desarrollando tecnología para su comercialización, ya sea adquiriéndola para lograr un mejor rendimiento energético, será la clave para prosperar dentro del campo industrial en el futuro que se avecina.

La solar es quizá la más conocida de las energías alternativas. En países como por ejemplo España, constituye un recurso energético con un extraordinario potencial.
Las instalaciones de este tipo son cada vez más frecuentes. Los precios tenderán a bajar de manera sistemática, al mejorarse las células fotoeléctricas y la constitución global de los sistemas. Ello hace que la rentabilidad de la energía solar crezca. Desde hornos solares de dimensiones industriales, hasta suministro eléctrico de casas o urbanizaciones aisladas, sus aplicaciones comerciales aumentan.

El calor del subsuelo

El aprovechamiento del calor interno de la Tierra para propuestas energéticas es una perspectiva prometedora dentro del abanico de las energías alternativas, como demuestra el funcionamiento de las centrales de este tipo que hay en algunas partes del mundo. La energía geotérmica es la tercera de las tres energías alternativas más importantes.

Islandia posee en gran abundancia depósitos termales, a causa de su peculiar topografía volcánica, lo que permite que la energía geotérmica suponga en torno al 50 por ciento de toda su energía natural directamente consumida. Su uso directo se refiere por regla general a aprovechar el calor para balnearios, redes de calefacción, invernaderos y demás. En algunos casos, las tuberías que transportan vapor para calefacción alcanzan los 50 kilómetros de longitud.

Islandia es un caso especial, ya que la mayor parte de las naciones con recursos termales está por debajo del uno por ciento en cuanto a uso directo del calor. La conversión de ese calor en electricidad ofrece para cada país porcentajes a veces mayores y a veces menores que el del uso directo. En Islandia es muchísimo menor, siendo tan solo una pequeña parte. En cambio, en Filipinas representa un porcentaje importante de su producción eléctrica total. Ello es fruto de un desarrollo realizado en las dos últimas décadas, iniciado a principios de los años 70, cuando técnicos de Nueva Zelanda, nación bastante rica en recursos geotérmicos, realizaron allí las primeras experiencias piloto en el marco de acuerdos gubernamentales. Indonesia también se benefició en la misma época de un acuerdo parecido, y su producción eléctrica geotérmica ha aumentado de manera significativa.
Entre la treintena de naciones que cuentan con recursos geotérmicos lo bastante aprovechables, algunas en las que también se ha trabajado de forma significativa en los últimos años son: España, Japón, Francia, Canadá, Estados Unidos, Grecia, Chile, México, Italia, Kenia, China, Turquía y la India.
La energía geotérmica es un recurso abundante en bastantes países en vías de desarrollo, y de hecho la única energía autóctona significativa que puede explotarse en algunos de ellos.

Nueva Zelanda es quizá el país más experto del mundo en materia de centrales geotérmicas, debido a su topografía volcánica que hace idóneo el uso de la energía geotérmica. Puso en funcionamiento la segunda central geotérmica del mundo (la primera se instaló en Italia).

El Instituto Geotérmico de Nueva Zelanda, dependiente de la Universidad de Auckland, es pionero en la investigación geotérmica y en el desarrollo de tecnología para aprovechar esa energía. Fue creado en 1978, a petición de las Naciones Unidas en el marco de su Programa de Desarrollo, ante la necesidad de un centro que pudiese formar a nuevos expertos en energía geotérmica procedentes de otros países. Otros centros similares se encuentran en Islandia, Italia y Japón.

Las centrales geotérmicas son parecidas a las térmicas. En éstas, se quema gas natural, carbón, u otro combustible, para calentar vapor y hacer que salga a chorro accionando la turbina de un generador. En las geotérmicas, el mecanismo es similar, excepto porque el vapor es suministrado por las calderas naturales volcánicas.

El aprovechamiento de depósitos termales con temperaturas poco elevadas, también es viable, como han mostrado los desarrollos técnicos en Francia relativos a distribución de calor procedente de tales depósitos.

Según estimaciones del Instituto Geotérmico de Nueva Zelanda, la cantidad de depósitos termales por localizar puede superar entre tres y diez veces a la de los conocidos. Una vez se hayan puesto en marcha centrales en todos esos emplazamientos, las posibilidades de expansión de la energía geotérmica deberán basarse en desarrollos técnicos más ambiciosos, encaminados a la excavación de pozos artificiales a kilómetros de profundidad, para recoger el calor interno. Como es sabido, el núcleo de nuestro planeta es una esfera de magma a temperatura y presión elevadísimas. Por ello, el calor interno aumenta según se desciende hacia el centro de la Tierra. No hace falta perforar muy hondo para toparse con temperaturas elevadas. En los pozos petrolíferos suele llegarse a 100 grados centígrados a unos cuatro kilómetros de profundidad. A diez kilómetros, ese valor se triplica.

Nuevos motores para los automóviles
Bastantes son los conceptos de viabilidad factible que hoy se preparan para competir entre sí durante los próximos años con el objetivo de robarle el monopolio a los motores convencionales basados en el petróleo o sus derivados.

De todos ellos, el motor eléctrico aparenta ser el más firme candidato a hacerse con una porción del mercado antes que los demás. Su uso habitual en vehículos de carga dentro de almacenes, demuestra la solidez técnica del diseño básico. Los primeros prototipos de coches eléctricos que ya han sido fabricados por marcas bien conocidas, también auguran un excelente resultado para dicha iniciativa.

El motor eléctrico no debe verse forzosamente como un competidor del de petróleo. La idea de un coche híbrido, que reúna a ambos para utilizar uno u otro según convenga, está ganando muchos adeptos y además parece una opción sensata de transición o combinación. La motivación de un automóvil híbrido es aprovechar lo mejor de cada motor en las circunstancias que más se avengan a utilizar uno u otro. Por ejemplo, para trayectos cortos como los efectuados dentro de una ciudad, el eléctrico resultaría ideal, mientras que para largos viajes a través de autopista el de petróleo ofrecería un perfil óptimo.

La locomoción mediante motores químicos no debe, a pesar de todo, ser desestimada como futuro terreno de nuevos desarrollos competitivos. La obtención a bajo coste de combustibles sintéticos es una meta difícil, pero sin duda de un valor incalculable. La industria química no es la única que puede acometer con éxito esta empresa. El nuevo campo de la biotecnología está dando constantes sorpresas, y la obtención de un sistema rentable para la creación de esos combustibles milagrosos mediante el uso de microorganismos productores, no parece en modo alguno una utopía.

Alimentar con hidrógeno el motor de un vehículo de manera directa (combustión del hidrógeno) es más complicado que de manera indirecta (célula de combustible que suministra electricidad a un motor eléctrico). Aunque la meta ideal sería extraer in situ el hidrógeno del agua, permitiendo que para poner en marcha nuestro automóvil sólo necesitásemos llenar de agua el depósito, el estado de la tecnología actual está aún muy lejos del grado de desarrollo requerido para hacer realidad ese sueño.

Los paneles solares también se han revelado capaces de alimentar el motor eléctrico de un coche. Aunque los prototipos de autos solares han funcionado tal como se esperaba, la potencia disponible sin que la envergadura de los paneles solares exceda las medidas aceptables suele ser demasiado débil como para permitir que dichos vehículos posean una capacidad superior a una plaza y sean capaces de alcanzar velocidades muy elevadas. De todas formas, los paneles solares pueden, con el tiempo, resultar comercializables como un dispositivo más a añadir a un coche eléctrico o híbrido. En un mundo donde el constante crecimiento demográfico hace que el ahorro de recursos sea cada vez más necesario, toda iniciativa que los optimice al máximo será bienvenida.