El “problema” es CHÁVEZ…

Opinión
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{image}http://www.eldia.co/images/stories/personajes/camega.jpg{/image}Hace algunos meses el gobierno de Uribe y en particular el General Fredy Padilla de León, le vendió al país la idea de una situación de postvictoria, cuya primera fase está inscrita en el desarrollo de la estrategia de la recuperación social del territorio; Al lado de esta idea algunas ONGs

y sectores de la academia institucional hablan y trabajan sobre el postconflicto.

Las dos designaciones tienen un sentido distinto: se alega de postvictoria cuando escogido el camino de la guerra se considera que sus desarrollos están próximos a dar como resultado la derrota total del enemigo. Esta guerra en Colombia se extremó durante la administración Uribe, al no reconocerse la existencia de un conflicto social y armado, de naturaleza política, y al caracterizarse el mismo como una amenaza narcoterrorista, cuya única vía es la confrontación directa y la guerra total.

El postconflicto, por el contrario, parte de reconocer la existencia de un conflicto de naturaleza social, política y militar que es posible superar a través de la solución política negociada entre las partes: siempre y cuando los actores armados ilegales tomen la decisión irreversible, de marchar del escenario político de la guerra al escenario político de la democracia y, el estado y la sociedad de darles un reconocimiento político y un lugar, sin estigmatizaciones, ni señalamientos, en una sociedad pluralista.

Por el momento no va haber ni postvictoria, ni postconflicto, ni triunfo militar, ni salida negociada. Tengo la impresión que al gobierno y a la insurgencia, no les sirve ninguno de los dos caminos, guerra y conflicto se han hecho estructurales, esto es, constituyen su forma de vida social y política, su modelo productivo favorito es la violencia.

En las tres últimas décadas está situación, ya complicada e injustificable, se enrareció con el narcotráfico y paramilitarismo, y su particular forma de permear todos los campos de la actividad humana, degradándolos y erosionándolos; se internacionaliza con la actitud sumisa y arrodillada del Estado y de gobiernos, que amparados en el discurso de nación y patria, abren las puertas de la soberanía para que entren las trasnacionales a saquear los recursos estratégicos nacionales y, muy tristemente, se convierten en escuderos del imperio, no solamente en la defensa de dichos intereses en nuestro territorio, sino, desde bases militares y medios de comunicación, en la lucha contra los procesos democráticos alternativos en América Latina, que se oponen y limitan la explotación neoliberal de sus recursos.

Contrario a lo que podía pensarse el conflicto con Venezuela no lo constituyen las guerrillas de las FARC-EP y ELN, reducidas y en procesos de reconstrucción, con su supuesta o real presencia en territorio fronterizo. Esa “presencia” no es más que el Florero de Llorente, de una posible intervención estadounidense dirigida en lo esencial contra Chávez y su proyecto socialista. Por ese estorbo que trae al patio trasero inversiones y alianzas incomodas con países de poca confianza y pasados desagradables… que habla de integración, crea organizaciones regionales, fomenta banca y mercado  alternativo y, con la mayor irreverencia y desfachatez habla de revolución y socialismo.

No sería la primera vez de una intervención, dirigida a aniquilar un gobierno o a deponer un mandatario, una larga historia de conspiración e intromisiones mediadas y directas han escrito la historia mundial de la segunda postguerra: Granada, Cuba, Chile, Panamá, Honduras, Nicaragua, Corea, Irán e Irak, Afganistán… tienen una cicatriz en el rostro de su historia nacional por el modo como defienden la democracia y la libertad, la mayor potencia militar del mundo y sus escuderos nacionales.

Total no son las FARC ni el ELN el blanco de la transnacionalización de la inteligencia militar colombiana, que da “razón exacta” de donde están los campamentos de la guerrilla en regiones del país vecino, pero tiene dificultades para señalar donde están los del Secretariado y el COCE en su propio territorio. El blanco parece estar en el palacio de  Miraflores.

No son muy buenos los resultados de las diligencias diplomáticas en la OEA y en UNASUR, en relación con las reclamaciones de Colombia y las propuestas de Venezuela, esperemos se abra la ruta que retome con todo rigor y la mayor disposición de los dos Estados, los fundamentos, normas, protocolos y cartas que guían las relaciones entre estados en la comunidad de naciones.