La derecha se une y consolida; la izquierda se divide y se dispersa

Opinión
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{image}http://www.eldia.co/images/stories/personajes/camega.jpg{/image}El carnaval de mutuos elogios y máximos reconocimientos y condecoraciones que se ha producido en el camino de relevo del presidente Uribe por el presidente Santos, está marcado por agudas y perversas simbologías y significados: los discursos han colocado en evidencia ese tenebroso e indetenible pacto de Santa Fe de Ralito en el que narco-paramilitares, políticos y empresarios se comprometieron a refundar la nación colombiana.


Sólo en la mentalidad del ex presidente de la Federación Nacional de Cafeteros y Ministro de Defensa, Gabriel Silva Lujan, puede caber la idea absurda de comparar en el año del bicentenario a Uribe con Bolívar. Y, más grave resulta aún, que el presidente electo le haga eco a esa desfachatez llamando a Uribe Segundo Libertador. No me puedo imaginar a las futuras generaciones de colombianos inconformes invitando a la concentración popular en la Plaza de Uribe (antigua Plaza de Bolívar).

Uribe, por su parte,  convoca a Santos en la práctica a refundar la nación colombiana a partir de su propuesta de Unidad Nacional y prosperidad democrática, después de su cuestionada  e inconclusa campaña libertadora de la seguridad democrática.

Santos ha asumido la tarea con juicio desde el momento de su contundente victoria electoral: Fue a Europa y se reunió con sus pares Zapatero, Sarkozy, Thatcher,  Merkel, Blair, buscando sumar a los ya conocidos apoyos de Estados Unidos  y Canadá, otros gobiernos; su recorrido por Latinoamérica dejó la impresión de estar construyendo y consolidando un bloque opuesto al liderado por el presidente Chávez, con su visita a Calderón, Fernández, Martinelli, Chiquilla, García,  Piñera y, la Kirchner, que seguramente representa la excepción.

Ya en el país se concentró en la consolidación de su proyecto de Unidad Nacional: convocó a los presidentes de Senado y Cámara y a los Jefes  de los partidos de la Coalición para definir la hoja de ruta de su gobierno. Al finalizar esa reunión dio a conocer sus dos más cercanos escuderos, un radical para la política -Germán Vargas Lleras- Ministro del Interior y de Justicia y un furibundo Uribista para la guerra – Rodrigo Rivera- Ministro de Defensa.

No le quedó por someter sino  a la oposición, pero, para no dejarla del todo por fuera a través de su Ministro del Interior ya propuso alambrarla con un Estatuto de Oposición. En síntesis, la Derecha unida y consolidada impulsa la segunda fase de refundación de la nación colombiana y sus instituciones.

La izquierda de mal en peor… el dique de conflictos de intereses de grupo, de caudillos y personalidades al interior del Polo se desplomó. Un partido que surgió como esperanza para transformar las prácticas políticas sectarias de una izquierda tradicional, terminó disminuido y con los mismos padecimientos de los partidos de derecha: barones electorales, clientelismo y corrupción galopante.

El fracaso tiene sus orígenes en el modelo de organización política de militancias colectivas,  de grupos atados a sus propias e irrenunciables historias e ideologías, de culturas excluyentes y dogmáticas desarrolladas a través de un discurso de unidad “entorno a mí”.

El Polo es un partido modular que funciona como un rompecabezas que une sus piezas con las babas del discurso de un ideario de unidad que nadie respeta,  y que,  en la práctica, no constituye ninguna alternativa para los retos, exigencias y conflictos de un mundo globalizado y neoliberal. Es un programa para hacer oposición, no para hacer gobierno. El polo es un partido de “izquierda” gobernado por liberales, utilizado por populistas y oportunistas y defendido  por izquierdistas recalcitrantes, que suman en él lo que restan por sí solos.

Lo peor de todo es que quedó prisionero de una reforma política que domesticó a los partidos y  a las fuerzas en bancadas y vocerías, encadenó las curules y le quitó movilidad crítica a la “comunidad” política.

El próximo gobierno se prepara para administrar sin oposición, o con un modelo de oposición crítica que en la práctica será tan inútil como el juramento a la bandera en una patria hipotecada a las trasnacionales y ocupada por la “potencia imperialista”.

El Partido Comunista de Colombia ha cumplido ochenta años…, de lucha, sacrificio, constancia y entrega a la causa de los humildes… es la matriz de donde han nacido todas las fuerzas de izquierda de este país… es la más auténtica oposición…un senador y medio representante…  Estoy convencido, sin embargo, que el Partido Comunista  es la reliquia más importante de la izquierda en nuestra democracia.

Seguramente vendrán nuevos tiempos  y  la nación tendrá una izquierda moderna,  con auténtica vocación de poder, capacidad para construir legitimidades y gobernar  con  otros. ¿Dónde está naciendo?... No tengo ni la menor idea.