Ni crecimiento, ni equidad, ni estabilidad

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El Dane entregó el resultado del desempeño de la economía nacional en 2009. Aunque el PIB creció sólo 0,4%, el gobierno, del Presidente para abajo, echó campanas al vuelo con argumentos como “nos pudo ir peor” o “no fue negativo”. Saben que el balance de su gestión, con Seguridad Democrática, Confianza Inversionista y Libre Comercio, estará influido por estos índices, que vienen cayendo desde el primer trimestre de 2008, antes del “infarto” de Wall Street y del congelamiento del comercio limítrofe.
 
La noticia no es sólo el 0,4%; el desempleo desde hace casi dos años emprendió cuesta arriba y va llegando al 15%; la mitad de los colombianos viven en la pobreza y una quinta parte en la indigencia. Así mismo, la desigualdad social es tan aberrante que, según informe de ONU-Hábitat, el 10% de los hogares más ricos capturan el 50% del ingreso, mientras el 20% más pobre sólo recibe el 0,9%. Es decir, de 100 pesos por distribuir, los primeros cogen 50 y los segundos apenas noventa centavos. ¡Qué vergüenza!

Las cuentas fiscales del Gobierno Central cada vez son más deficitarias. En 2009 cerraron el año con un faltante de casi 20 billones (millones de millones) de pesos, una cifra entre el 4% y el 4,5% del PIB. Para financiarlo, además de los traslados de Ecopetrol y otras fuentes, la deuda pública externa pasó entre 2008 y 2009 (noviembre) de 29.447 millones de dólares a 36.766 millones, más un incremento de la deuda pública interna de 105 billones a cerca de 120. En resumen, quince billones de pesos y siete mil millones de dólares más. Si a eso se suma la explosiva situación del sector salud, que se trató de arreglar a las patadas y a costa de los usuarios con la Emergencia Social, lo que Uribe dejará el 7 de agosto de 2010 en las puertas del Palacio de San Agustín será una bomba.

Lo más grave es que no aparece una fuente de riqueza que pueda revertir las tendencias negativas, lo cual puede corroborarse cuando se miran las pocas ramas de la producción con balances positivos en 2009. En la agricultura, prosperaron la palma y el banano, que generan apenas un empleo por varias hectáreas; en la industria sólo la de alimentos, algo lógico en una sociedad que escasamente subsiste; en la construcción crecieron las obras civiles oficiales, cada vez con menos posibilidades por las estrecheces presupuestales; y, en minería, el gas natural y el petróleo. Así era una “banana republic” hace 80 años, éste es el resultado de la Confianza Inversionista: la conversión de la economía nacional a la de una colonia, estancada, inicua e inestable.