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Abandonar el estilo de vida y habituarse a un ritmo desconocido, es el comienzo de una carrera contra el tiempo por salvaguardase de los tormentos de la guerra. La integridad física y mental, los sueños y las esperanzas se ven sumidos en el baúl de los recuerdos.


Cúcuta es una de las ciudades receptoras de población desplazada. La costa colombiana y la capital de Antioquia, generalmente, son los orígenes de la migración.
En Norte de Santander los municipios donde se concentra mayor número de expulsores son Ábrego, El Carmen, Tibú y La Gabarra.
La población desplazada residente en Cúcuta está en las comunas 6, 7 y 8. La ciudadela Juan Atalaya, con los barrios Antonia Santos, Belisario, Niña Ceci, y los sectores Escalabrini y Las Delicias son el epicentro de historias y diversidad cultural.
En las calles es frecuente ver a familias con letreros pidiendo colaboración para solventar las necesidades. Algunos utilizan esta estrategia para poner remedio a las dolencias. Otros, se disfrazan de desplazados y se arman de viveza para obtener dividendos económicos.
Papel de Acción Social
  En Colombia la Agencia Presidencial para la Acción Social y Cooperación Internacional es la encargada de la ejecución del Programa de Atención Humanitaria a la Población Desplazada.
En Cúcuta se implementan políticas de prevención, protección, cuidado de emergencia y estabilización socioeconómica. Basados en las necesidades del desplazado, se define un plan de acción y se fijan recursos.
Los desplazados, al llegar al destino, deben dirigirse a las Unidades de Atención y Orientación (UAO). Se les facilita asesoría jurídica, sicológica y se informan de los derechos.
La población desplazada para acceder a los beneficios del Programa de Atención Humanitaria debe rendir indagatoria ante el Ministerio Público. En las UAO, Personerías, Procuraduría General de la Nación y Defensoría del Pueblo pueden dar el testimonio.
El objetivo del procedimiento es remitir el caso a valoración de Acción Social. El periodo estipulado es de 15 días y se determina la inclusión en el registro único de desplazados.
Un grupo familiar, al ser aceptado en el programa, cuenta con apoyo para alimentación, vivienda y proyectos productivos.
Corprodinco
La Corporación de Profesionales para el Desarrollo Integral Comunitario (Corprodinco) es el organismo operador de Acción Social, y facilita la atención humanitaria.
Las familias acceden a tres meses de alimentación y apoyo económico para cubrir el arriendo. “Se les facilitan kits de cocina, colchonetas y sábanas”, dijo la asistente administrativa de Corprodinco, Amparo Lizcano Rivera.
Pasados los tres meses, puede renovarse el tiempo de permanencia en el programa, pues debe lograrse la readaptación del desplazado.
Cuando las víctimas del desplazamiento forzado no hacen parte del Registro Único, entran en un programa de urgencia, con cinco días de hospedaje y alimentación.
Los albergues temporales son otra ayuda. Se costruyen viviendas en madera y techo de zinc, con unidad sanitaria.
Entre agosto de 2005 y febrero de 2007, Corprodinco prestó atención a 1.460 grupos familiares. “El promedio por familia es de 4,5 personas, para un total de 6.570”, dijo Lizcano Rivera.
“Desplazada, pero no mendiga”
“Mi vida no es la misma. He tratado de olvidar, pero los recuerdos permanecen en la mente”, dijo ‘Nancy López’, desplazada por el conflicto armado en la zona rural de Pueblo Rico (Risaralda).
‘Nancy’ vivía con el esposo y dos hijos en una finca. La producción de café y la fabricación de panela en seis trapiches, eran la fuente de sustento.
La finca era propiedad de un familiar que tuvo vínculos con miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Ante la salida de la zona por amenazas de la milicia, ‘Nancy’ tomó las riendas del negocio.
La distribución del café y la panela la hacían en Pereira, Manizales, Medellín y Cali. Además de las hortalizas y frutas que se dan en la zona.
“En el 2001, llegamos a la finca. Vivíamos tranquilos y no nos faltó nada. La guerrilla nos obligó a colaborarles y por miedo a la muerte tuvimos que ceder”.
La forma de operar de la milicia en esta zona del país, para obtener dividendos económicos, es el comercio ilegal de estupefacientes. “En los terrenos de la finca, donde estaban los cultivos de café, debíamos camuflar las matas de coca”.
‘Nancy’ recordó que los subversivos se movilizan en grupos de 40 a 50. “Portan camuflado, fusiles e insignias de las Farc”.
Durante la permanencia en Pueblo Rico, la incertidumbre siempre estuvo latente. “En cualquier momento se presentaban, les dábamos comida y guardábamos maletines”.
El pasar del tiempo hizo que los miembros de las Farc incrementaran las peticiones. Les propusieron vincularse al negocio. El esposo de ‘Nancy’, cuando la droga estaba procesada, la trasportaba a varias ciudades del país.
“A dos kilómetros de la finca tenían los laboratorios. Eran cambuches, en medio de la selva, en tabla y zinc”.
La adicción al dinero hizo que las Farc pidieran trasportar más droga. “Sabíamos que era ilícito y nos daba miedo parar en la cárcel. Tratamos de decir no, pero nos amenazaron”.
El ultimátum que dio el grupo alzado en armas, obligó a la familia a dejar los terrenos y a salir de la localidad.
Cuatro años duró la incertidumbre para ‘Nancy’. En enero de 2005, partió hacia tierras nortesantanderanas.
Lo bueno de Pueblo Rico
A pesar del estilo de vida que ‘Nancy’ y la familia llevaban, nunca les hizo falta lo necesario para gozar de una buena calidad de vida.
“Podíamos comer lo que queríamos, contábamos con dinero, salud y los servicios de agua y luz”.
La vivencia en tierras risaraldenses, genera sentimientos encontrados. Es una vida donde no falta el dinero, pero se entrega la esencia como ser humano. La libertad de pensamiento se convierte en sinónimo de represión.
La llegada a Cúcuta
“En Pueblo Rico dejamos los sueños que teníamos para nuestras vidas. La guerrilla marchitó proyectos e hizo comenzar de nuevo”, dijo ‘Nancy López’.
La motivación de esta risaraldense para abandonar lo que había cosechado con esfuerzo, fue evitar que sus dos hijos cayeran en las redes de la guerra.
“Recuerdo que en las filas de las Farc había mujeres y niños. Portaban camuflado y armamento. Se veían contentos y tenían dinero, pero habían perdido la inocencia”.
Tras la intimidación de las Farc, “tomamos un colchón y un televisor. Nos dirigimos al pueblo y en una ‘niñera’, emprendimos el viaje a Cúcuta”.
La travesía por las carreteras colombianas duró más de 24 horas. ‘Nancy’ venía con siete meses de embarazo. La incomodidad del viaje afectó el estado de salud.
Para esta familia recordar el viaje a Cúcuta trae un sinnúmero de vivencias. La salida de la finca, el paso por Pereira, el correr del aire, el sueño, el hambre y la sensación de desequilibrio por no saber el rumbo de sus vidas.
Al llegar a Cúcuta “creíamos ver a los guerrilleros, teníamos miedo y no sabíamos qué hacer”.
El dinero que tenían, producto de las ganancias por venta de panela, lo invirtieron en conseguir una pieza y comprar alimentos, pero era escaso y con el pasar de los días se acabó.
La venta de gasolina fue la fuente de trabajo durante las primeras semanas. “Nos fue mal. La Policía nos quitó el combustible y no pudimos trabajar”.
La sensación de querer regresar y aceptar la propuesta de las Farc, pasó por la mente de ‘Nancy’.
“Pese a las dificultades mantuvimos la fe. Salir de la finca fue duro. Somos desplazados, pero nos gusta el trabajo”.
Ayuda humanitaria
Dos meses después de estar en Cúcuta, el embarazo llegó a su fin. Tuvo una niña y con ella la situación empezó a mejorar.
“En un lote que nos regalaron, costruimos un cambuche. Mi esposo se enteró del programa de Atención Humanitaria y declaramos”.
‘Nancy’ y la familia contaron los sucesos en la Defensoría del Pueblo, y recibieron atención de emergencia.
Esta familia vive en el sector Las Delicias. “En el barrio no contamos con las condiciones para vivir dignamente. No hay servicios y la gente tiene desconfianza”.
Partir de su terruño significa para los desplazados exponerse al rechazo. “Las personas hacen comentarios ofensivos y no se dan cuenta de que somos iguales”.
A pesar de la ayuda humanitaria, ‘Nancy’ pide al Gobierno apoyo para formar empresa. “Los tres meses de sostenimiento son buenos, pero el tiempo es limitado para organizar la vida. Los desplazados merecemos una oportunidad”.
Comienzo y fin
Enfrentar los cuestionamientos de los hijos, ha sido para ‘Nancy’ otra odisea. “Me preguntan por la finca, los animales y por qué debemos vivir en medio de la pobreza”.
Recurrir a las mentiras es la salida por la que ha optado. Piensa que están pequeños para exponerse al resentimiento. “Cuando estén grandes les diré la verdad”.
Armada de valor sueña con vivir en paz. Formó una asociación de desplazados en Las Delicias y está legalizándola.
Trabaja como madre comunitaria del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). “Los martes y los jueves nos reunimos 12 mujeres. Se hacen capacitaciones para el cuidado del embarazo”.
Esta risaraldense, a los 29 años, ha enfrentado diversos tropiezos. “La fe y el deseo de superación son el arma para la guerra. El rencor y la venganza, encierran al hombre en un camino de desdichas”.

*El nombre de la entrevistada ha sido cambiado
para mantener en secreto la identidad.
 
Eduardo Rozo