Caída en Barrena

Opinión
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{image}http://eldia.co/images/stories/250310/congreso_eu.jpg{/image}Cuando los demócratas alcanzaron el predominio en el Congreso de Estados Unidos, comenzaron “los dolorosos” para Uribe. Aún con su amigo, George W. Bush, en la presidencia, fue evidente la hostilidad de las nuevas mayorías.
Muchos sectores de esa colectividad manifestaron una posición crítica, así fuera formal, frente a los desafueros del régimen uribista, salpicado de paramilitarismo, incurso en persecución al poder judicial y en prácticas policíacas contra la oposición, cómplice, desde el DAS, de persecución a sindicalistas y periodistas, y responsable de 1.700 casos de los llamados “falsos positivos”, todo a nombre de la “lucha contra el terrorismo”. La forma inicial del rechazo fue la postergación de la aprobación del TLC.
Las cosas empeoraron con el triunfo de Obama, a quien Uribe -en entrevista a un diario italiano- descartó como triunfador, tanto por creer que “Estados Unidos no estaba preparado para el triunfo de un negro” como porque Obama “carecía de experiencia”; en consecuencia, recibió a McCain en Cartagena con bombos y platillos. El pulso por la continuidad de Uribe duró más de un año y, aunque fue advertido del interés de Tío Sam en relevarlo, insistió, apoyado por funcionarios remanentes de la anterior administración, entregando siete bases militares a US Army y destruyendo la economía nacional a fin de volver a Colombia en proveedor petrolero confiable para el Norte.

La crisis económica, cuya principal secuela es el desempleo, trajo la recesión y, a las contradicciones con la Casa Blanca, se aunó el descontento social. Trabajadores, agricultores, sectores populares y aún empresarios medianos comenzaron a cuestionar los axiomas de la Confianza Inversionista, a lo anterior se agregaron las impudicias de la Zona Franca de Occidente y de Agro, Robo Seguro y, de remate, el malestar general desatado por las reformas al sistema de salud. Por su parte, la rama judicial, que ha jugado papel descollante en la resistencia contra el autoritarismo, comenzó a poner a buen recaudo a los socios políticos del gobierno; al final, la Corte Constitucional develó las marrullerías del Referendo reeleccionista y decretó la jubilación anticipada de Uribe.

La caída en barrena no ha cesado ahí. El esfuerzo por prorrogarse en cuerpo ajeno amigo, como en el de “Uribito” y otros, está en la incertidumbre. El informe del Departamento de Estado, días antes del 14 de marzo, reiterando las vergüenzas uribistas, avisó que el recambio va en serio. Faltan casi 60 días para las elecciones presidenciales y el desplome sigue; faltan por conocerse, entre otras, las sentencias judiciales contra muchos de los amigotes de la Casa de Nari. ¿Dónde parará la nave? José Obdulio Gaviria, que anda en busca de la bigornia, puede encontrar en Washington algunas coordenadas.