Lo uno y la unidad: ¿de qué y para qué?

Opinión
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{image}http://www.eldia.co/images/stories/logos/miguel.jpg{/image}El diario El Tiempo escribe sobre la unidad con un título irónico porque injerta entrelíneas la sentencia de Darío Echandía, ¿La unidad (el poder), ¿para qué? Echandía abría así una reflexión frente a los desastres de la Violencia que crecieron con el 9 de abril de 1948, y que no terminaron con la desmovilización

de la guerrilla liberal formada por miles de desplazados que orientaban Guadalupe Salcedo y Dumar Aljure, levantados en armas en los Llanos Orientales contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez quien representaba los intereses minoritarios.

Las circunstancias de modo, tiempo y lugar hoy reeditan una suerte de refrito de unidad parecido al Frente nacional que tuvo un antecedente cien años años atrás: el acuerdo bipartidista forjado entre 1885 y 1886 con la Iglesia Católica primero, y luego los partidos Liberal y Conservador. Fernando Guillén Martínez lo refirió como el primer frente nacional. Así, los señores de arriba , la oligarquía impulsó una vía capitalista “junker” montada sobre la explotación del trabajo de los muchos, los de abajo cuya mayoría era población rural, campesina e indígena, y minorías urbanas que habitaban las ciudades capitales de nueve departamentos.

Así se impidió con la guerra antes y después cualquier pretensión de revolución burguesa niveladora como la de los Estados Unidos, donde una vía “farmer” publicitada e idealizada por Thomas Jefferson, cuyos arrestos jacobinos no le impidieron tener esclavos a su servicio, después de la guerra civil de 1861-65, y el movimiento por los derechos civiles de los años 50-60, hicieron viable el funcionamiento de una poliarquía, lo que los especialistas llaman más comúnmente una democracia liberal.

La lista de mercado y las elecciones

La lista de mercado de El Tiempo de 4 de julio comienza por decir que no basta con “facilitar la gobernabilidad y limar las asperezas en el parlamento” para enumerar lo fundamental. No bastó con lo que Álvaro Gómez Hurtado exigía, el cambio de régimen político. Este cambio se operó al revés en la década que concluye, 1999-2010, de manera retrógrada con la batuta de otro Álvaro, el liberal Uribe Vélez ayudado por los previos arreglos de Andrés Pastrana y Bill Clinton su aliado, a través del Plan Colombia.

Colombia mutó su régimen neo-presidencial que nació prometiendo ampliar la representación de los gobernados con la llamaba democracia participativa, transformándose en un régimen presidencial de excepción prolongado de hecho en lo que cada vez conocemos mejor como para-política sobre la cual la Corporación nuevo arcoíris nos ha ilustrado mostrando las picardías electorales a través de la atipicidad de dos elecciones presidenciales y congresionales.

La tercera elección, la actual del presidente Juan Manuel Santos, no logró salir de este laberinto aunque él se ufane de haber conseguido 9 millones de votos, porque entre otras razones, ahora también creció la abstención, aunque en dos horas hubiese mermado de 61 porciento a la cifra que todos conocemos. Sin que exista una explicación válida de tal fenómeno.

Igualmente, seguimos sin tener certeza de la composición del congreso de Colombia. La presidenta del Consejo Nacional Electoral, Adelina Covo se comprometió públicamente esta semana a finiquitar el escrutinio de elegidos a la Cámara al finalizar la entrante semana. Es decir, que aún queda pendiente la suerte del Senado.

Las “nuevas” caras en el poder público

Con independencia que se cumpla lo prometido por el bloque en el poder que recompone Juan Manuel Santos con dificultad manifiesta, hoy sabemos que los herederos de la para-política están electos, y no pocos y las caudas que ellos movilizaron como clientelas votaron en las urnas la elección de Santos. La alegada ilegitimidad e ilegalidad no declarada de las dos presidencias de Álvaro Uribe afecta también en materia grave la actual elección de Santos.

Con lo dicho sobre las vicisitudes jurídico-políticas del régimen, lo sustancial según el recetario que suscribe El Tiempo versa, primero que todo, sobre la salud, donde el presidente electo jamás llevó la voz cantante en los debates.

e sigue la justicia afectada por la impunidad en la gran mayoría de los casos, que pretendió curar la impunidad utilizando como instrumento un nuevo estado de conmoción interna.

De otra parte está nuestro crecimiento económico regresivo que ahora se centra en el petróleo y la minería. Lo cual siembra dudas sobre la bandera de la prosperidad democrática y a quiénes beneficiará. El otro capítulo es la tierra en términos de productividad y equidad. El desastre más visible e insultante son los millones de desplazados y las innúmeras fosas comunes. De éstas el diario El Espectador de este mismo domingo registra su espeluznante conteo e inhumano resultado. Las únicos reformas agrarias que ha tenido Colombia han sido contra-reformas desde los tiempos de la desamortización de bienes de manos muertas.

Como si fuera poco el anterior lista también se recuerda el asunto crítico del agua, cada vez más amenazada por su privatización, en lo cual ha sido muy diligente el Ministerio del Ambiente, que dice también quedará en manos de la hija del dueño de Aviatur. Qué no decir de la energía sostenible y sustentable, cuando al no venderse Isagen se ferian cuatro electrificadoras departamentales.

Un presente en claroscuro

Breguemos para que doña Rumbo empolle esos huevitos… Álvaro Uribe, presidente de Colombia. El burro, la vaca y los tres huevitos. Daniel Samper, 4 de julio 2010, p. 1-17.

El último capítulo, por supuesto, son las relaciones internacionales, donde Colombia ha cosechado un desastre tras desastre con sus más inmediatos y lejanos vecinos por servir a los poderes e intereses de Gran Bretaña, con el deshonroso episodio de las Malvinas, y de los Estados Unidos, cuyo penúltimo episodio ha sido el costoso alquiler de bases militares a dicho gobierno como pago diferido al episodio de agresión en la frontera con Ecuador cuya investigación no termina a la espera que se entregue a este gobierno el material informativo incautado en el campamento guerrillero de Angostura.

Por lo visto, el presente, a las puertas de un tercer siglo de independencia, el horizonte no es promisorio para los muchos, a quienes sí interesa la democracia. Porque Doña Rumbo, la gallinita ponedera del presidente que termina, empolló huevos de serpiente.

Los huevos de la seguridad, la confianza y la cohesión se engüeraron. Los huevitos del Ubérrimo fueron huevos vacíos o a lo sumo malogrados para las grandes mayorías, quienes volvieron a abstenerse de votar a su escudero, el exministro de defensa. Santos, dos años después no se halló para conmemorar la liberación de civiles y militares en Operación Jaque, que salvó valiosas vidas de un encierro inhumano a costa de la picardía de usar ilícitamente los símbolos de la Cruz Roja Internacional y los distintivos profesionales de instituciones civiles y públicas debidamente constituidas.

Las multitudes, y los liderazgos minoritarios que tratan de orientarlas desde el Partido Verde hasta el desteñido PDA, cuyo candidato se aplica ahora a la tarea de revisar la lista de mercado en la propia casa, es decir, en la alcaldía de Bogotá, tienen que estar alerta al ciclo electoral que falta que ocurrirá el año entrante, una vez hayan bajado los hervores de la olla del mundial de fútbol que culminará la semana entrante.

Para estarlo es necesario no cejar en la tarea de realizar un juicio político a los gobernantes saliente y entrante, y una censura efectiva a la continuación de la para-política en las ramas del poder público. Pero, hacerlo, implica algo más que la rechifla a un presidente en Medellín, o las raquíticas movilizaciones de despedida con ocasión de su cumpleaños número cincuenta y ocho que cierra esta tragicomedia de la falsa democracia.

Se trata en suma de desmontar lo uno, el unanimismo de la autocracia de la seguridad autoritaria, y darle paso a la unidad de la pluralidad de los movimientos sociales y políticos. Se trata, en suma, de que el burro y la vaca de la fábula presidencial filosofe y mastique bien, para que los huevitos que están por las nubes permitan hacer una “pericada” en la que quepan tod@s sin exclusiones.