Dolor de Patria

Opinión
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{image}http://www.eldia.co/images/stories/personajes/libardo.jpg{/image}El pueblo optó por la continuidad de la guerra. No bastaron ocho años de corrupción y mafias, asesinatos de jóvenes populares y trabajadores, de entrega de la economía a las trasnacionales y de la soberanía nacional al Imperio, de pobreza y exclusión de las mayorías y de la mentira como forma de gobierno.


La derecha hegemónica se consolida a la vez que la oposición desaparece. Las elecciones del 30 de mayo de 2010 así lo confirman: la extrema derecha (Partidos de la U, Cambio Radical y Conservador) concentró cerca de las dos terceras partes de los votos, los partidos de centro sumaron el veintiséis por ciento (Liberal y Verde) y la izquierda (Polo Democrático) cayó a menos de una décima parte, teniendo en cuenta que cuatro años atrás alcanzó el veintidós por ciento. La masa popular, silenciosa e invisibilizada, es abstencionista; de los treinta millones de ciudadanos que conforman el censo electoral, 51 por ciento no ejerció este derecho político.

Pese a la violencia y capacidad aplastante del establecimiento, a la injerencia inconstitucional del Presidente, a la compra de votos, al fraude, a la corrupción y a la manipulación de las masas miserables mediante los programas sociales asistencialistas, el candidato del Gobierno no obtuvo las mayorías para ganar en la primera vuelta. El candidato Santos, representante de la plutocracia y participe del terrorismo estatal, gobernará a Colombia durante los próximos cuatro años (2010-2014).

1.Política y exclusión

Las primeras elecciones directas en Colombia tuvieron lugar en el año 1914. La lucha por la independencia incluyó el ideal del pueblo de elegir a los mandatarios, pero desde la Constitución de 1810 quedaron excluidos del derecho al voto los esclavos, los analfabetas, las mujeres y los pobres. Desde aquella época se impuso la regla según la cual los que controlan el gobierno eligen, en tanto son quienes escrutan. 

Sólo hasta 1936 se otorgó el derecho al voto a todos los hombres mayores de 21 años. En 1954 se concedió a la mujer el derecho de elegir y ser elegida, pero votarían por primera vez en el plebiscito de 1957. A partir de 1975 la mayoría de edad se redujo en tres años, pudiendo, por tanto, ejercer el derecho al voto los mayores de 18 años. 

En las elecciones de 1914 ganó el candidato conservador y oficialista, José Vicente Concha, con menos de 300.000 votos. La abstención fue 57%. El número total de votos fue de 331.410, el candidato ganador concentró el 89%. Este año fue asesinado el general Uribe Uribe, partidario de un liberalismo socialista.

La historia, desde entonces, se repite obsesivamente: una oligarquía que concentra el poder, excluye con violencia las mayorías populares y persigue de manera criminal todo pensamiento de izquierda, esto es, que exprese igualdad, democracia radical, dignidad humana y promueva los Derechos Humanos y un desarrollo incluyente y sostenible.


2.Un siglo de izquierda

En Colombia, a partir del siglo XIX, tres grandes vertientes ideológicas y de lucha política surgieron a la vida nacional. El liberalismo propiamente dicho, de estirpe jacobina, librecambista y librepensador, frecuentemente con nexos masónicos y llamado en su época “draconiano”; el radicalismo de los “golgotas”, partidario más del progreso social que del político, compenetrado de un socialismo de características filantrópicas; y, el conservatismo que tuvo en los terratenientes católicos y en algunos comerciantes temerosos de las ideas revolucionarias su mejor expresión.

En Colombia las ideas socialistas arraigaron tempranamente, en paralelo a su surgimiento europeo. Estas encontraron el terreno abonado en los sectores populares excluidos urgidos de atención gubernativa, de planes colectivos de trabajo y de requerimientos de derechos sociales para todos. Con el golpe dictatorial del general Melo, el 20 de marzo de 1954, las ideas socialistas alcanzaron el poder en Colombia por primera vez. Los artesanos, campesinos, obreros y sectores no comprometidos del ejercito reclamaban algo bastante simple: “pan y trabajo”. La reacción no se hizo esperar, de inmediato se unieron liberales y conservadores, con el apoyo de los gobiernos estadounidense e ingles, y derrocaron de manera sangrienta este experimento socialista que tan sólo duro ocho meses . Desde entonces ha dominado la oligarquía, sin contemplaciones al momento de ejercer la violencia para contener cualquier amenaza a su hegemonía y siempre servil a los países imperiales.  

Durante las tres primeras décadas del siglo XX, las ideas socialistas mantuvieron un importante activismo, impulsadas por el movimiento obrero, campesino, indígena, los primeros trabajadores públicos, junto a la intelectualidad comprometida. En 1919 lanzaron el “Manifiesto Comunista” y crearon el primer partido orientado por ese ideario. En 1922 apoyaron la candidatura del liberal Benjamín Herrera, quien obtuvo 256.000 votos, esto es, 38,2% del total. El candidato conservador, Pedro Nel Ospina, ganó al obtener el 61,8% de la votación, esto es, 409.131 votos. La abstención fue 25%.

La década de los años 1920 fue candente en cuanto a la agitación del movimiento izquierdista. En 1925 la difusión de las ideas socialistas se convirtió en delito y el gobierno presentó al parlamento el proyecto de pena de muerte para quien las divulgara. En la celebración del 1 de mayo de 1928 el gobierno encarceló a 8.000 dirigentes obreros, campesinos e intelectuales de izquierda, ante el temor de una conspiración armada para derrotar el gobierno del Conservador Miguel Abadía Gómez. En 1929 el gobierno ordenó apresar a todos los dirigentes socialistas, expirando de este modo la “década de oro” del socialismo, en medio de la tortura y el asesinato de sus militantes. Al calor de las huelgas y las luchas populares, en 1930 se constituyó el Partido Comunista (PC), el cual fue declarado ilegal durante el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera (1930-1934). El gobierno de Alfonso López Pumarejo lo legalizó y pacto alianzas con los dirigentes comunistas para impulsar las reformas liberales y cambiar la Constitución el año de 1936. En 1934 la candidatura de izquierda liderada por Jorge Eliécer Gaitan apenas alcanzó 400.000 votos, esto es 0,5% del total; en tanto, la abstención fue de 39% respecto al potencial de votantes.

El asesinato de Gaitan en 1948 marcó el inicio de una época de barbarie de la oligarquía nacional contra los sectores populares que se prolongó hasta la década de 1960: 300.000 asesinatos políticos y cerca de dos millones de campesinos desplazados por la violencia, en un país con una población ligeramente superior a los 11 millones de habitantes. Liberales y conservadores apoyaron el golpe militar que el 13 de junio de 1953 llevó al poder al general Rojas Pinilla. En menos de un año se desmontó la guerrilla liberal y el Partido Comunista, la única fuerza de izquierda con alguna organización fue de nuevo declarado ilegal. Tras el derrocamiento de Rojas, en 1957, la oligarquía instaló el Frente Nacional que excluía del gobierno a quien no fuera liberal o conservador, institución que permaneció hasta 1974.

Cerradas todas las opciones legales para la oposición socialista, en un momento en que los vientos eran favorables a la insurgencia en Latinoamérica, y en un período en que el terrorismo de estado desataba su furia asesina, la respuesta fue el levantamiento  armado de campesinos, indígenas, sectores populares urbanos y universitarios.

En 1962 la izquierda parlamentaria apoyó la candidatura del MRL, de Alfonso López Michelsen, y lograron 354.560 votos equivalente a 13,5% del total. La abstención fue del 51%. Posteriormente, el candidato regresó a su partido de origen, el liberal. Al finalizar la década, en 1970, el candidato de la Anapo, el exdictador Rojas, apoyado por la izquierda, ganó las elecciones pero le fueron robadas. Este se negó a reclamar el triunfo, como lo exigía su ala izquierda. Este hecho dio origen a la organización insurgente M19 en 1974.

En 1972 se creó la Unión Nacional de oposición (UNO), producto de la alianza entre el Movimiento Amplio Colombiano (MAC), el PC y el Movimiento Obrero Independiente (Moir). Esta unión de la izquierda lanzó la candidatura de Hernándo Echeverri Mejía, en las elecciones de 1974. Obtuvo 137.000 votos, esto es, 2,6% del total. La abstención se colocó en 42%. Alfonso López, ahora candidato liberal, ganó con cerca de tres millones de votos, 56% de la votación  neta.

En las elecciones de 1978, el candidato del PC, Julio Cesar Pernía, obtuvo tan solo 97.234 votos, 2% del total. La abstención alcanzó 55%. Julio Cesar Turbay, candidato liberal triunfador, obtuvo 2,5 millones de votos. En su gobierno se abolieron todos los derechos y libertades políticas, desató un régimen de terror, los derechos humanos fueron violados y todos los militantes de izquierda fueron perseguidos.

En 1982 el candidato de una coalición de los sectores de izquierda, Gerardo Molina, obtuvo menos de 100.000 votos, 1,5 %  de los votos efectivos. La abstención se mantuvo en 50%. El candidato ganador, Belisario Betancur, frente a la tensión social y amenaza de guerra civil, abrió por primera vez la posibilidad de una negociación política con los grupos insurgentes. El experimento político nacido de la tregua dio nacimiento a la Unión Patriotica (UP), que en las elecciones de 1986 con su candidato Jaime Pardo Leal llegó a 350.000 votos, el 4,9 de la votación. La abstención aumentó igualmente a 54%. Posteriormente, Jaime Pardo fue muerto por las fuerzas homicidas de la extrema derecha, en medio de uno de los más desgarrados genocidios en la historia colombiana contra un partido político, 3.000 militantes fueron asesinados.

En un nuevo proceso de negociación política de la guerra civil colombiana, el M19 se desmovilizó y se presentó a las elecciones de 1990. Su candidato, Carlos Pizarro, fue igualmente asesinado. Tras el crimen, Antonio Navarro asumió y obtuvo 740.000 votos, el 12,6% de la votación. La abstención se elevó a 57%. En las elecciones posteriores para la Constituyente, el M19  obtuvo el 27% de la votación.

En las elecciones de 1994 y 1998, los votos por los candidatos de la izquierda cayeron nuevamente a cifras cercanas a los 200.000; lo que relativamente significo 3,8% y 1,6% del total, respectivamente. Entre tanto, la abstención de 1994 fue de las más altas en el siglo XX, esto es, 65%. En 1998 la abstención bajó a 42%, en un periodo de  narcoescandalos en la clase política y de mayor polarización violenta de la sociedad colombiana.

En el año 2002 la izquierda volvió a presentarse relativamente unida mediante la alianza Polo Democrático Independiente (PDI), alcanzando 800.000 votos, el 6,1% del total, el candidato y dirigente sindical Luís Eduardo Garzón.  La abstención igualmente aumentó a 54%. El año de 2003, el PDI, con Garzón, ganó la alcaldía del Distrito Capital (2004-2007); triunfo que se mantuvo en las elecciones de 2007 con el triunfo de Samuel Moreno (2008-2011).

Para las elecciones presidenciales del año 2006, dos fuerzas de izquierda se unieron, el PDI y la Alianza Democrática (AD), dando nacimiento al Polo Democrático Alternativo (PDA). El candidato de la extrema  derecha, Alvaro Uribe, es reelegido con más de 7 millones de votos, 62% del total, producto de la disciplina burguesa, la compra de votos, presiones armadas, el asistencialismo social y los “favores” del Gobierno mediante prácticas corruptas. La abstención fue 55%, a pesar de estar establecido el voto universal. El candidato Carlos Gaviria alcanza más de 2,6 millones, la votación más alta en la historia de la izquierda, esto es 22,5% del total. La abstención, por su parte, se mantuvo en 55%.

En estos últimos años el PDA debió enfrentar el reto de convertirse en una verdadera fuerza política representante de la izquierda colombiana y de todo el movimiento y luchas populares o quedarse en una simple maquinaria parlamentaria y electoral, símil de los partidos del establecimiento. En el año 2010, el candidato del Polo Democrático, Gustavo Petro obtuvo 1.329.347 votos, equivalentes al 9,1 por ciento del total.  La abstención  fue 51 por ciento.

Dentro de la cultura política colombiana, los grupos hegemónicos han desatado una ideología anticomunista que legitima su asesinato y exclusión. A esta campaña sistémica de intolerancia, han contribuido la jerarquía de la iglesia católica, los medios de comunicación y la propaganda estatal.  Hacia el futuro, la izquierda colombiana tiene el reto, entonces, para ser gobierno y poder un día, de educar y organizar políticamente a los sectores populares y de conquistar el corazón y la conciencia de las amplias masas excluidas del país.


3.Un siglo de abstención

A pensar de los avances de la izquierda en las elecciones, la estructura política del país registra pocas variaciones durante el último siglo. La abstención se mantiene en una cifra promedio del 55%, igual a la población que en las encuestas responde no tener ninguna preferencia política.

La postura política que encuentra ilegítimo el sistema democrático colombiano es una minoría, a lo mucho el 5% que se declara de izquierda radical. De igual manera se observa que cuando aumenta la votación por los candidatos de las fuerzas de izquierda no se registra un descenso equivalente en la abstención. Lo más posible es que en las alianzas, sectores de la izquierda liberal sean desertores de su partido y prefieran el candidato de las fuerzas socialistas. Existe un continuo traspaso de votos entre los partidos de izquierda y el partido liberal, entre las fuerzas de centroizquierda y centroderecha, que explican los significativos y permanentes subibajas en los resultados de los candidatos de la izquierda colombiana.

¿Qué es, entonces, la abstención? Históricamente se afirma que el censo electoral está inflado, por que no se tiene en cuenta los problemas de inscripción y registró, la resta de los muertos y el descuento de los miembros de la Fuerza Pública. En la zona rural, además, siempre ha existido dificultades de transporte y lejanía; en la urbana, acceso complicado a las mesas de votación. A esto se agrega el fenómeno de la diáspora colombiana que suma unos cuatro millones de colombianos viviendo en el extranjero, teniendo en cuenta que su participación electoral es mínima.

El problema estructural de la abstención esta fuertemente relacionado con la exclusión, la violencia, la pobreza y la ignorancia política que sufre más de la mitad de los sectores populares. Las tendencias a lo largo del último siglo muestran una fuerte asociación entre la pobreza y la abstención; de igual manera, en los momentos más cruciales de la violencia la gente encuentra significativo su voto pero los desplazamientos forzosos y las zonas de orden público impiden a los afectados ejercer su derecho político. 

Además, según los resultados electorales, el voto está ligado a la educación y a la posición socioeconómica del votante. De acuerdo con las encuestas, en la clase alta vota el 66%, en la media el 50% y en la baja 33%. Los ricos saben que sus intereses están en juego con la definición del gobierno, los pobres solo conocen del estado la represión y la exclusión, nada tienen que ganar ni perder con las elecciones. Los abstencionistas son personas con escaso nivel educativo, tienen como máximo grado el bachillerato. A mayor edad también hay mayor interés de votar, en particular después de los cuarenta años; entre los que no votan, un 24% está entre los 18 y 25 años, y el 29% entre los 26 y los 35. Los que menos votan son en primer lugar las amas de casa, segundo el estudiante,  tercero el desempleado y cuarto los jóvenes.

La abstención disminuye cuando aumenta la polarización en el país porque activa el llamado al voto eficaz. La gente siente que hay un empate y que su voto ayuda a romper esa paridad. Igualmente, en medio  de la crisis persiste la ilusión que un determinado gobierno puede dar solución a los problemas estructurales. Pero en general, históricamente la sociedad colombiana es abstencionista.

Paradójicamente, no hay una relación directa entre abstención, pobreza y violencia en la historia de Colombia (gráficos 1, 2 y 3). No obstante, en las elecciones de 2010 la manipulación y chantaje que llevó adelante el gobierno con el programa asistencialista de “Familias en Acción”, permitió que las masas miserables aportaran una tercera parte de los votos del candidato de la extrema derecha, Juan Manuel Santos. Pero también, la violencia y la pobreza explica la poca incidencia de los movimientos de izquierda en el país: una buena parte de los militantes socialistas o comunistas ha sido asesinada por el establecimiento, otro tanto fue obligada a exilarse y la mayoría es mantenida por el sistema en la más dolorosa miseria e ignorancia.