La “guerra” con ecuador y Venezuela

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Opinión
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{image}http://www.eldia.co/images/stories/personajes/camega.jpg{/image}Todavía no se ha definido con certeza la asistencia el 7 de Agosto de los gobernantes Hugo Chávez y Rafael Correa a la posesión presidencial  de Juan Manuel Santos.

No tiene presentación de la administración colombiana atraer a los dos dignatarios con los que más tiene conflicto el gobierno Uribe con una invitación genérica, cuando se trata de recuperar una amistad que le representa al país entre cinco y siete mil  millones de dólares en intercambio comercial, una muy importante fuente de empleo y desarrollo en las zonas de frontera.

La situación de conflicto con Ecuador, generada a raíz de la transfronteriza operación Fénix,  marzo 1 de 2008, donde muere Raúl Reyes, del Secretariado de las FARC-EP, y 25 personas más, entre ellas, un ecuatoriano y cuatro mexicanos, originan una dinámica diplomática dirigida a detener los procesos judiciales, iniciados por la fiscalía ecuatoriana, que no solo vinculan como responsable de la operación al entonces  ministro de defensa Santos, hoy presidente electo, sino, igualmente, al general Freddy Padilla de León, jefe de las Fuerzas Militares de Colombia.

Es absolutamente claro que la operación Fénix, violó la soberanía del Estado ecuatoriano, siguiendo la premisa equivocada y arbitraria, que establece cómo la seguridad de un país en materia de soberanía se extiende hasta donde se encuentren sus enemigos, lo cual conlleva a pasar por encima de los tratados internacionales que definen las relaciones de cooperación entre países en la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo. No quiero imaginar que se trató, como se afirma, de una acción de Estado. Prefiero señalar que se decidió en materia de relaciones internacionales por una acción irresponsable de un gobierno, que amparado en la política de seguridad democrática y la premisa estadounidense de la guerra preventiva, actuo con el convencimiento de que el fin justifica la acción y es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Hoy es necesario, reconstruir la relación a partir de aceptar la responsabilidad del hecho y bajo el compromiso de la no repetición. La sensibilidad herida del pueblo ecuatoriano debe ser restaurada por las vías diplomáticas, para que se normalicen de manera efectiva y segura las relaciones.

Las relaciones con Venezuela se están dando en el marco de un modelo de “guerra” postmoderna que se manifiesta al menos a través de cuatro de las cinco fases que compromete este tipo de guerra. La primera fase de confrontación mediática, dirigida desde ambas partes a erosionar la legitimidad de uno y otro gobierno. El trabajo realizado por los medios de comunicación ha jugado un papel fundamental en ese proceso, con programas específicos en el caso colombiano, entre otros, como los de Claudia Gurisatti y Jaime Bayly, dos francotiradores de los procesos democráticos alternativos de América Latina y, en particular de los de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Cuba. La segunda fase, se centra en la búsqueda de un equilibrio dinámico de apoyos, para nuestro caso se suma al Plan Colombia el acuerdo de bases militares de Estados Unidos en el país, lo cual causa en la región una situación de resistencia e incomodidad general; mientras Venezuela cuenta con los acuerdos de apoyo y asistencia de Rusia, China, Corea, Libia e Irán. La tercera fase, se relaciona con los “hostigamientos básicos“en aspectos comerciales, migratorios y pequeños incidentes de frontera. La cuarta fase, de intervención y solución diplomática, Colombia ha buscado sus apoyos en la ONU y la OEA, donde predomina la hegemonía de su aliado estratégico los E.U., mientras Venezuela se ha inclinado buscar el apoyo en Unasur y el Grupo de Rio. La quinta fase de confrontación directa no se ha dado, ninguno de los dos países esta en capacidad de extremar el conflicto militar.

La próxima administración de Colombia se encuentra en un momento oportuno para modificar su política exterior en la relación con sus dos vecinos y desmontar el conflicto. Una agresiva y bien intencionada labor diplomática debe enfocar a los gobiernos de Colombia, Venezuela y Ecuador en una perspectiva de futuro e integración. La llegada del nuevo embajador de E.U. al país apoyado en el discurso de los Derechos Humanos de Obama y su nueva concepción de la guerra puede ser de gran utilidad. Hacer claridad,  como se viene reclamando, sobre la finalidad de las bases militares, cuando supuestamente la guerrilla está derrotada y el narcotráfico disminuido, resulta de la mayor importancia.

En las últimas semanas Los mandatarios de Ecuador y Venezuela vienen haciendo declaraciones sobre la necesidad de entrar en diálogos francos y respetuosos entre los gobiernos, han dispuesto su ánimo para que las cancillerías cumplan con su papel: garantizar la armonía en las relaciones entre los países. Esperemos que María Ángela Holguín, Ricardo Patiño y Nicolás Maduro encuentren en la diplomacia, la solución política a este conflicto.

Desafortunado para las relaciones con Venezuela los pronunciamientos que el ministro de defensa, Gabriel Silva Lujan y las fuerzas militares, por orden del presidente Uribe, dieron a los medios de comunicación sobre la ya reconocida presencia de campamentos de la FARC y el ELN en la frontera en territorio del vecino país, pues no contribuyen a pasar de la guerra mediática a unas relaciones diplomáticas serias de cooperación en materia de seguridad. Es un acto mal intencionado en un momento en que el nuevo gobierno trabaja en la construcción de una atmosfera de acercamientos y diálogos diplomáticos que superen el rencor con que Uribe manejo durante ocho años de gobierno la llamada seguridad democrática. Bueno es que Santos comience ya a tomar distancia del ex - presidente Uribe.

Ojala el saliente presidente Uribe y los  medios comunicación dejen de ser carboneros de la llama de la discordia, respeten los procesos internos en cada país y su libre autodeterminación, así no les gusten los sistemas políticos que los rigen. Tengo el convencimiento que la solución política y diplomática de las tensiones con los vecinos, es la puerta de entrada a la salida política y negociada de nuestro propio conflicto.