¡Oh larga y negra partida¡

Opinión
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{image}http://www.eldia.co/images/stories/personajes/miguel.jpg{/image}Claro. Nos bombardearon y necesitamos saber cómo. Fueron bombas norteamericanas, bombas inteligentes, nunca antes lanzadas en la región. El presidente Uribe se comprometió a entregarnos eso aunque me dijo que no podía dar los nombres de los pilotos.  Presidente Rafael Correa, entrevista con el Tiempo, 9 de agosto de 2010, pp: 1-2.


Antes de esa ofensiva final, tienen previsto (las Farc) como alternativa dividir el país en dos, tomando el poder en dos o tres departamentos del Sur (Caquetá, Putumayo, Meta), mientras que en el Norte mantendrán cercadas y bloqueadas a las grandes ciudades. En ese caso buscarían  una solución negociada sobre la base de 10 puntos programáticos de las Farc y estarían en mayor ventaja de negociar…”  José Arbesú, Conversación con Manuel Marulanda y Raúl Reyes, en La Paz en Colombia.  Editora Política, La Habana, 2008.

En tiempos del Bicentenario preferí como título  para esta reflexión tomada del discurso carcelario de Francisco José de Caldas, uno de los próceres ajusticiados durante el periodo de la reconquista española en cabeza del pacificador Pablo Morillo. Para dar cuenta de la consumación de “la sucesión” en el gobierno de Colombia con la despedida de Álvaro Uribe Vélez y la entrada de su  exministro de Defensa, Juan Manuel Santos, muy activo antes  del  7 de agosto de 2010 en la auscultación de sus aliados internacionales, en su orden, Estados Unidos, Gran Bretaña y España.

MI escogencia tiene un interés manifiesto por explorar  la significación y el sentido del discurso social y político que se elabora con el “acontecimiento” de la sucesión, y,  el modo como  se produce, circula y reconoce el mismo para marcar el posible tránsito de la guerra a la paz. Todo envuelto en la adopción de una lógica adversarial en lugar de una lógica amigo enemigo en soporte de la prosperidad democrática en la que Colombia está retrasada comparada con el resto del continente. Esta reflexión  es también un modo práctico de aproximarme a una específica semiosis social retomando lo  elaborado ésta el  sociólogo y lingüista Eliseo Verón a partir de la década de los años sesenta.

En síntesis es una incursión aplicada al pedregoso ámbito del discurso político para establecer una interlocución con el análisis de discurso sostenido y divulgado por la pareja intelectual Ernesto Laclau  y Chantal Mouffe  sobre populismo y nacionalismo en América Latina y el mundo.  Esta motivación parte de los ensayos recopilados por Francisco Panizza en el libro El populismo como espacio de la democracia.

La despedida no querida
Notifico al presidente Hugo Chávez para que deje de ser cobarde lanzando insultos a distancia.  El expresidente Álvaro Uribe, mensaje por Twitter en su retorno a Rionegro,  8 de agosto de 2010.

Uno de mis propósitos fundamentales como presidente será reconstruir las relaciones con Venezuela y Ecuador, restablecer la confianza y privilegiar la diplomacia y la prudencia.  J.M. Santos. Discurso de posesión.

Yo ni he aprobado, ni apruebo, ni aprobaré  presencia alguna de fuerzas guerrilleras. Este territorio es soberano.  Hugo Chávez Frías, en Aló, presidente,  8 de agosto de 2010.

El discurso inaugural del presidente Santos destacó cuatro hechos fundamentales enfrente de su reticente antecesor: la preocupación por los pobres de Colombia; el interés manifiesto en el diálogo con la guerrilla, afirmando que “la puerta del diálogo no está cerrada con llave”; la recomposición de las relaciones entre los poderes judicial y ejecutivo, y la disposición inmediata para recomponer la relación con los vecinos  más afectados, Ecuador y Venezuela  en contacto directo con Unasur, y no de modo exclusivo, en cabeza del expresidente Kirchner.

Los asuntos fundamentales de la agenda presidencial han despertado esperanzas y sospechas, simultáneamente, en  la actual recomposición del bloque en el poder. Ahí están las reacciones del presidente saliente, quien no ha ahorró esfuerzo mediático para descalificar la  invitación al presidente Chávez. Más aún, días antes de la transmisión del mando reaccionó Uribe por interpuesta persona contra el posible nombramiento de Germán Vargas Lleras como ministro de defensa. Entonces Santos lo reemplazó con Rodrigo Rivera, un neoliberal de la entera confianza de dos expresidentes, Álvaro Uribe y  César Gaviria, cultores de la guerra como instrumento contra la subversión guerrillera.

Dicho lo cual, la negociación de paz hizo un esguince, al moverse entre el Escila y el Caribdis de las dos fracciones del bloque en el poder. La paz se fue a las fronteras, entregando por fin copia de los discos duros de Raúl Reyes al presidente Correa, de una parte, y por la otra, con la mediación del secretario de Unasur, realizando el martes 10 de agosto, la reunión con Chávez en Santa Marta con el inmediato resultado de la reanudación de relaciones diplomáticas y una agenda de cinco puntos comunes. Así, la fórmula del gobierno neo-oligárquico de la Unidad Nacional de Juan Manuel Santos entra con pie derecho en el escenario interno.

Ello explica que tanto  un vocero académico del establecimiento, Eduardo Pizarro Leóngómez, como un exdirigente del Eln, León Valencia se interroguen por el rumbo  de la negociación con la guerrilla colombiana. Pizarro recuerda que “Todos los procesos de negociación con las Farc y el Eln han fracasado debido a que estos grupos han utilizado los diálogos, no para avanzar hacia la paz, sino para avanzar hacia la guerra. Es  decir, para fortalecerse tanto en el plano militar como político”.  A su turno, Valencia insiste en que existen “tres vías para lograr el fin de un conflicto: la destrucción total del adversario (enemigo), la rendición incondicional de éste o una negociación exitosa de paz (El Tiempo, 8 de agosto 2010)”.

Tales apreciaciones  vienen precedidas de lo expresado por Alfonso Cano en el video de julio pasado, dispuesto una vez más a la negociación política con el gobierno colombiano, una espinosa senda en la que se ha puesto a prueba la paciencia y la astucia de la oligarquía liberal conservadora, que siempre ha repetido que nunca hará “la revolución por decreto”.

Antes, un reaccionario principista, Álvaro Gómez Hurtado, quien insistió hasta la muerte en un acuerdo en lo fundamental, discurrió sobre las perspectivas de la revolución, al tiempo que condenaba en los hechos a las que denunció como repúblicas independientes de los campesinos “comunistas” de los años 60. Gómez Hurtado cerraba su libro La revolución en América advirtiendo que “el único programa político que puede tener hoy fundamentos auténticos en la historicidad de nuestros pueblos, ha de ser el que tenga como objetivo la preservación de los valores tradicionales…Todos los estímulos revolucionarios que acentúan artificialmente su evolución, destruyendo sus esencias, conducirán al anacronismo de su desespiritualización, con la falaz apariencia  de una redención tecnológica”.

Sólo que después de ensayada en los dos gobiernos de Uribe el recetario de la guerra interna para liquidar u obtener la rendición incondicional del opositor armado con la poderosa asistencia del gobierno estadounidense desde 1999, que se llevó de calle los mínimos de legalidad posibles, sólo queda empollar de nuevo uno de los tres huevitos para lograr el fin del conflicto: una negociación exitosa de paz.

Las reuniones con Correa y Chávez han dado los primeros pasos en firme. Fijar criterios de paz en los escenarios fronterizos con el concurso necesario del Brasil que con Lula a las puertas de salir del gobierno también está interesado en que América Latina sea de los latinoamericanos y que la región se proyecte en el concierto de la globalización con fuerza y voz propias. Es requisito poner a raya al incómodo, costosísimo centinela estadounidense.

A todas luces parece iluminar el horizonte la hora de los hornos,  y en el bicentenario ésta la ofrecerán las multitudes, que hasta hoy hacen posible la revolución democrática en curso en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Brasil, y quienes saludaron espontáneamente a Chávez al pasar éste por el barrio La Lucha en Santa Marta. Estos son los pobres, los millones de desplazados, los mutilados, los cadáveres insepultos de las fosas comunes y los falsos positivos, quienes a la postre hacen la diferencia.

No es ni puede ser, por supuesto, el pueblo manipulado por el expresidente Uribe comprado con las estratagemas clientelares de la miseria a cuentagotas el que ahora interpele el discurso del nuevo presidente, un pueblo sometido al plebiscito y al chantaje de la sobrevivencia diaria. Dicho lo cual, la prosperidad de la que habla Santos o será para todos, o no será, porque la Colombia de los muchos como el convaleciente vicepresidente está aquejada de una isquemia social  que ha evitado se convierta en infarto, que han conjurado los puentes abiertos con Venezuela y Ecuador con la diligente intervención de Unasur. Ahora nos toca a todos monitorear el proceso de recuperación luego de la severa degeneración democrática padecida a  lo largo del último decenio. . Enhorabuena.