Una farsa macabra

Opinión
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{image}http://www.eldia.co/images/stories/200810/001.jpg{/image}Que los organismos internacionales dispuestos para el mantenimiento de la paz en el mundo no sean particularmente eficaces, no es un misterio para todos los que, sintonizando sus televisores sobre los noticieros de cualquier canal, se han dado cuenta que el planeta nunca ha cesado de estar en guerra.


Pero a veces estos organismos parecen burlarse descaradamente de los propósitos para los cuales han sido construidos y de la misma forma, burlarse de las vidas humanas que por millares son destruidas cada año por quienes utilizan la fuerza para usurpar los derechos ajenos e imponer sus propios intereses.

Que el estado de Israel sea uno de ellos, pocos pueden tener duda todavía. No obstante, las acusaciones de anti semitismo llueven sistemática e inevitablemente sobre quien denuncia las reiteradas violaciones cometidas en contra del pueblo palestino, ignorando un sinnúmero de resoluciones dictadas por estos mismos organismos internacionales. Actuando en contra de los más evidentes principios de respeto por los derechos humanos y la soberanía nacional de los países aledaños.

Sin embargo, situaciones parecidas se presentan en todo el mundo. A millares de kilómetros al oeste de Israel y de aquella tierra de Palestina, existe otra tierra ensangrentada, Colombia. País que acaba de vivir ocho de los años más terribles de su historia. Bajo el gobierno de un presidente -Álvaro Uribe Vélez- acusado de ser narcotraficante han ocurrido diferentes acontecimientos luctuosos, que algunos considerarían verdaderos actos criminales. Por lo menos dos mil inocentes han sido asesinados por el Ejercito Nacional. Ejecuciones extrajudiciales que tenían el objetivo de hacer pasar desafortunados ciudadanos por peligrosos terroristas dados de baja en combate.

Todo el aparato de inteligencia civil del estado colombiano bajo el mando de este personaje, ha sido destinado a actividades criminales entre las cuales resaltamos la persecución, el saboteo y la difamación de opositores políticos e institucionales. Durante su mandato, Uribe Vélez tuvo también la genial idea de bombardear un país vecino, perdonar crímenes a asesinos, corromper congresistas y distorsionar la constitución, entre otras.

Pero hasta aquí nadie se puede escandalizar tratándose de Colombia, aquel país que se identifica con Macondo, el lugar pintoresco y trágico descrito por el escritor Gabriel García Márquez. Mucho menos genera escándalo si consideramos que semejante presidente ha sido muy abierto a la llegada de empresas europeas y estadounidenses, que se han lanzado como chulos sobre el cuerpo afligido del país andino.

En días pasados el estado de Israel se excede -quizás una vez más- y dispara contra una misión internacional humanitaria conformada por un grupo de pacifistas que pretendían llevar ayuda al sufrido pueblo palestino en aquel lugar infernal conocido como Gaza.

Frente a este nefasto suceso llegan las Naciones Unidas, aquella organización internacional que fundada luego de los horrores de la segunda guerra mundial, desarrolla el difícil papel de reconstruir la justicia donde ha sido pisoteada.

¿Y qué hacen las Naciones Unidas como respuesta a estos hechos? Nombran una comisión para investigar los acontecimientos acaecidos en Gaza para conocer las razones que han llevado a los cuerpos especiales de Israel a asesinar aquel grupo de pacifistas.

¿Primer paso hacia la justicia? Para las Naciones Unidas es un acto debido, siguen al pie de la letra lo que dice su mandato. No obstante, queda un halo de desconfianza para aquellos que recuerdan que el país en cuestión, en el curso de los años, se ha burlado sistemáticamente de las resoluciones de la ONU y ésta por su parte no ha sido capaz o no ha tenido la voluntad de imponerse.

Pero la situación dudosa se vuelve rápidamente una farsa macabra, una comedia para nada divertida en cuanto se habla de gente cuyos derechos han sido negados y cuyas vidas han sido destruidas. La Organización de las Naciones Unidas nombra como vicepresidente de esta comisión, última instancia de verdad y justicia, a aquel presidente colombiano del que hablamos, el señor Álvaro Uribe Vélez.

¿Qué lección le queda a las generaciones venideras?, ¿a aquellos pueblos que miran a estas instituciones internacionales como última posibilidad de justicia? Una sola lección: mirar hacia otro lado.