En las aulas de la Universidad de Georgetown !cafedratico! un cuento de terrorismo académico

Opinión
Typography

{image}http://www.eldia.co/images/stories/personajes/renan.jpg{/image}El Presidente de la Universidad de Georgetown tiene el agrado de informar a su distinguida clientela, formada por dictadores, genocidas, violadores de derechos humanos, terroristas de Estado, torturadores y periodistas (por aquello de ser sicarios de pluma y micrófono) de empresas como CNN, RCN, Caracol, Globovisión, Clarín, El País, El Mundo, La Vanguardia, El Tiempo, Fox News y otros cuya lista se me haría interminable nombrar en esta ocasión, sin incurrir en injustas exclusiones,  que a partir del próximo primero de septiembre se integrará a nuestra nómina académica el ex presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez como cafredrático de nuestra honorable institución.

Quienes leen esta comunicación, que he escrito en inglés y en castellano, porque este último es el idioma original de nuestro nuevo profesor, pueden estarse preguntando qué es un cafredrático, un término algo extraño, no lo dudo, pero el más adecuado, como verán enseguida, para calificar a una parte de nuestro personal académico. Cafre-drático, está relacionado con el adjetivo cafre, en inglés Kaffir, que según cualquier Diccionario de la Lengua Española quiere decir “bárbaro y, cruel” en una acepción y en otra “zafiro y rústico”. Catedrático es quien dicta cátedra, porque es un conocedor de cierto tema, cafredrático es aquel cafre que transmite sus experiencias prácticas en la “ciencia de matar”, labor que han desempeñado con lujo de detalles cuando han ejercito los más altos cargos en la administración de un Estado. Aunque debo reconocer que, etimológicamente hablando, no sea muy riguroso el término, porque se ha dejado a un lado el vocablo griego kathédra (asiento), y su derivación latina cáthedra,  y hemos recurrido a la metonimia, un mecanismo conceptual que establece relaciones de contigüidad entre dos conceptos por algún parecido semántico o por pura correspondencia de significados, para acuñar la palabra cafredrático por su similitud con catedrático. Pero como es de un nuevo tipo de “dictador de clase” del que estamos hablando, cuya esencia es la de ser un cafre, hemos preferido adoptar ese barbarismo.  Como para que no queden dudas y no tener que incurrir en más disquisiciones académicas, un cafredrático es un profesor con “licencia para matar”, algo así como un sicario en la academia.

Para su información tengo que comunicarles que Álvaro Uribe Vélez no será el primer cafredrático que nos honra con su sapiencia, puesto que en nuestra valiosa nómina de colaboradores se cuentan el ex presidente del gobierno Español José María Aznar y la ex secretaria de Estado Madeleine Albreight. El primero, debo recordarles, se destacó por haber sido coparticipe en la organización de la invasión a Irak, hasta el punto que en su tiempo se le incluyó como miembro del “Cuarteto de las Azores”, y también sobresalió en la política interna de su país por haber rescatado del olvido las realizaciones del generalísimo Franco, en aspectos tan diversos como la tortura y la defensa de los valores católicos contra los impíos que han querido descarrilar esa sociedad. 

Nosotros supimos aprovechar muy bien esta experiencia y por eso el cafre de Aznar desarrolló un excelente curso sobre terrorismo que todavía se recuerda en nuestros días porque en su primera clase disertó, con mucha sabiduría, sobre un fabuloso descubrimiento, merecedor de un Nobel de Historia –que, entre otras cosas, por la envidia no le ha sido concedido, y no porque el descubrimiento no lo amerite: que el terrorismo islámico se viene ensañando contra la católica y santurrona España desde la época de la Edad Media. Para ser riguroso voy a citar en forma exacta su fabuloso hallazgo histórico, que nos presentó en su primera disertación magistral en septiembre de 2004 en las aulas de esta universidad, y que dejo estupefactos por su profundidad a quienes tuvimos el excepcional privilegio de escucharlo:  "Mucha gente en España y en Europa cree que los atentados del pasado 11 de marzo en Madrid están relacionados con el apoyo del Gobierno español a la guerra en Irak pero el problema con Al Qaeda en España no empezó con la crisis iraquí (…) viene del siglo VIII. España y (el Norte de África cristianos inclusive), recién invadidos por los moros, rechazaron convertirse en una pieza más del mundo islámico.". ¡Sencillamente, genial!

Por su parte, en lo que respecta a la señora Madelaine Albreigth tengo que confesarles que tuvimos muchas dudas porque su condición de mujer choca con nuestros acendrados valores católicos, muy machotes (si se me permite utilizar este término muy propio de nuestros subdesarrollados y bárbaros vecinos de América Latina) pero nos convencimos que ella era una cafre perfecta para nuestros propósitos pedagógicos  -que buscan desarrollar en el estudiante el cinismo, la insensibilidad social y la capacidad para pisotear y matar a sus semejantes- cuando nos enteramos que en una entrevista televisiva, concedida en momentos en que se desempeñaba como Embajadora de los Estados Unidos ante la ONU, había hecho un conmovedor comentario, que todavía nos produce lagrimas cuando lo evocamos. En directo, en el programa 60 Minutes, el periodista Lesley Stahl le indagó si habían valido la pena las sanciones que Estados Unidos les había impuesto a Irak, por intermedio de las organización de Naciones Unidas, y las cuales habían producido medio millón de niños muertos, por falta de medicinas, alimentos y tratamientos sanitarios elementales. Sin titubear, nuestra brillante cafredrática, dando muestras de una humanidad excepcional, respondió con plena seguridad que esos niños muertos eran un “precio que vale la pena”. Y lo que más nos gusta a los miembros de la Universidad de Georgetown radica en la firmeza de esta otra dama de hierro, ya que ella nunca se ha arrepentido de sus palabras, lo cual confirma las profundas convicciones de los cafres que forman parte de esta Alma Mater, porque ella siempre ha sostenido que “no hubiera podido responder más efectivamente a lo que describió como ‘nuestro problema de relaciones públicas’”.

Además, nos enorgullece anunciarles a nuestros clientes que los dos ilustres cafredráticos que hemos mencionado figuran entre los 25 profesores más célebres de los Estados Unidos, según un listado muy objetivo dado a conocer este año y que fue elaborado por el "College Stats", una organización que recopila información sobre todas nuestras universidades a partir de los datos del Departamento de Estado de Educación y del Centro Nacional de Estadísticas en la Educación. Nos enorgullece conocer esta información sobre la calidad académica y, sobre todo, ética y humana (por lo de los bombardeos y sanciones contra países indefensos) de nuestros dos cafredráticos, aunque en esa lista aparezcan personajes tan poco rigurosos y que además son de izquierda, como un tal Noam Chomsky, un individuo medio anarquista, cuya actividad intelectual no le hace ningún bien ni los Estados Unidos ni a nuestros queridos amigos de Israel, y que es un simple vocero del terrorismo internacional.

Esta larga disquisición sobre dos de los más notables cafredraticos que han hecho parte de nuestra selecta nómina de colaboradores, ha tenido el propósito de recordar que a esta universidad no llega cualquiera a dictar clases, ya que se requiere un amplio prontuario criminal, como el de Henry Kissinger o George Tenet, para recordar otros nombres de asesinos natos, prontuario que también caracteriza al personaje que me ha motivado a escribir esta comunicación oficial. Volvamos entonces a él.