La despedida y bienvenida no queridas

Opinión
Typography

{image}http://www.eldia.co/images/stories/personajes/miguel.jpg{/image}Hace tiempo que se disputa la relación entre pobreza y violencia en todo el mundo, y en Colombia con más veras.  Basta repasar la saga intelectual sobre el asunto desarrollado por la estirpe de los violentólogos que los hay de derecha y de izquierda. Ésta  marchó en paralelo con la trágica descendencia de los Buendía que globalizó  Gabriel García Márquez  con el éxito literario de Cien años de soledad.

Recordemos en seguida el discurso inaugural del presidente Santos destacó cuatro hechos fundamentales de cara a su inquieto antecesor: la preocupación por los pobres de Colombia; el interés manifiesto en el diálogo con la guerrilla al afirmar: “la puerta del diálogo no está cerrada con llave”, así como la recomposición de las relaciones entre los poderes judicial y ejecutivo, y la inmediata revisión de la relación con los vecinos  más afectados, Ecuador y Venezuela con los buenos oficios de Unasur en cabeza del expresidente Kirchner, la primera mediación asumida por el nuevo gobierno en esta materia, que en cambio  rechaza de modo tajante para la paz interna.

Los asuntos fundamentales de la nueva agenda han despertado esperanzas y sospechas, así como una respuesta y amenaza violentas inmediatas. Así se inaugura  la recomposición del bloque en el poder presidida por la estirpe ilustrada de los Santos que arrancó con Eduardo y sus hermanos, quienes ligaron su éxito político y comercial con el periódico El Tiempo hasta que la globalización capitalista lo cambió de dueño como buena parte de la riqueza nacional en  una simbólica reconquista de Colombia por vía de la inversión extranjera española e inglesa junto con los intereses de la república imperial estadounidense.

También están como botón de muestra las reacciones del presidente saliente, quien  descalificó primero la  invitación al presidente Chávez, a la vez que reaccionó con eficacia por interpuesta persona al posible nombramiento de Germán Vargas Lleras como ministro de defensa. Así lo reemplazó con Rodrigo Rivera, un neoliberal ligado a dos expresidentes, Álvaro Uribe y  César Gaviria, cultores de la guerra, y quien estrenó en estos días el verbo “arreciar, arreciar, arreciar” sin decidir contra quién, luego del atentado en las inmediaciones de la plazoleta de Caracol.

Ahora, despedida y bienvenida juntas en el poder ejecutivo la negociación de paz sufre un esguince, moviéndose entre el Escila del terror y el Caribdis de la negociación. Así se enfrentan las dos fracciones del bloque en el poder cuyo choque produce un remolino que se puede engullir el barco de la prosperidad democrática. Mientras tanto, el asunto de la paz se traslado a las fronteras. Primero, con la entrega, por fin, de la copia espejo  de los discos duros de Raúl Reyes al presidente Correa,; y segundo, con la mediación de Unasur en la reunión  Chávez- Santos en Santa Marta.

El inmediato resultado fue la reanudación de relaciones diplomáticas y una agenda de cinco puntos comunes entre Venezuela y nosotros. Así, la fórmula del gobierno neo-oligárquico de la Unidad Nacional entró con pie derecho en el escenario externo, mientras que en el interno, en cuestión de días, recibió la respuesta del atentado con bomba contra la seguridad de la ciudad de Bogotá que amplificó involuntariamente  la cadena Caracol y sus asociadas internacionales.